
Cuando era chica mis pedidos de regalos en Nochebuena se remitían a una sola línea:
Un perro
Cada 24 de diciembre por la noche miraba fijo al cielo esperando que mágicamente bajara mi esperado presente de la mano de Santa Claus. Cuando apesadumbrada entraba a la casa me encontraba con monstruosas muñecas de tamaño natural que más que agradarme me asustaban terriblemente o con juegos de té de porcelana diminutos que no me hacían ninguna gracia.
En la Navidad de mis 7 años decidí tomar el toro por las astas y conminé a Papá Noel, en una muy agresiva carta, que me fuera entregado un perrito a la brevedad o sencillamente destrozaría todos los regalos recibidos.
Lamentablemente mi carta no fue tenida en cuenta; recibí un muy coqueto vestido blanco y una muñeca que caminaba como una verdadera autómata, blonda y perfecta, ideal para cualquier pequeñita que jugara con algo así…No yo.
Recuerdo que guardé los obsequios en el placard y me acosté llorando. Decidí no esperar ni pedir nada más.
En ese entonces vivía con mis tíos, una pareja que me adoraba pero respetaba a rajatabla los deseos de mis padres con respecto a la educación que debía recibir.
Mi tío era el ser que más quería en el mundo, amante de los animales, maravilloso tutor que siempre tenía la palabra justa y el abrazo necesario para hacerme sentir menos sola y abandonada en este mundo.
Esa Navidad lo escuché discutir y dar un fuerte portazo. Los días subsiguientes, se limitó a acariciar mi cabeza revolviendo mi corto pelo rubio y de vez en cuando hacerme un guiño cómplice que no entendía pero que aceptaba a pesar de mi enojo con el mundo.
El 31 de diciembre a las 12, cuando todos brindaban salió a la calle y volvió rápidamente con una caja de cartón muy humilde que me entregó con total naturalidad ante la cara de desaprobación del resto de los mayores.
- Me dijo Papá Noel que se olvidó de dártelo el 24 y te lo trajo hoy
Dentro de la caja había un cachorro de pointer adorable que fue mi compañero de aventuras por años, el amigo que siempre quise y el ejemplo más concreto que las cosas buenas pasan, a veces no cuando las esperamos, pero pasan.
Ese día mi tío me enseñó que siempre hay que esperar lo mejor, que aunque algo no llegue cuando lo esperamos no significa que no va a venir.
Les deseo a todos que sepan esperar las cosas buenas, que sigan persiguiendo sus sueños y nunca los abandonen.
Feliz año
Para mi tío Dik ( el negro) que nunca se fue realmente porque sigue en mi corazón.







