A fines de 1997 necesitaba urgentemente un trabajo. Con dos hijos pequeños que mantener y cero ingreso, las cuentas impagas se acumulaban en la mesa de la cocina y la comida empezaba a escasear.
Demasiado orgullosa como para pedir ayuda a algún viejo amigo/a o ex novio exitoso decidí dejar de vivir de la caridad familiar y abocarme a buscar empleo.
Desparramé currículums por medio Buenos Aires sin recibir ni una llamada para entrevista alguna. Al borde de la desesperación le pregunté al encargado del edificio si podía recomendarme con unos vecinos que sabía habían ganado la licitación para el servicio de trenes Metropolitano.
Al otro día mi portero me informaba que estaban dispuestos a ayudarme y que le alcanzara un CV que él se los entregaría en mano.
Feliz y esperanzada agregué unas cuantas cosas al currículum por consejo de mi hermano quién me aclaro que sin conocimientos de power point y otras cosas así no existías aclarándome que en una primera entrevista nadie me tomaría un test sobre mis conocimientos ni nada por el estilo y que si la pasaba él se encargaría de ponerme al tanto.
Lo entregué y dos días después recibí la llamada que tanto aguardaba:
- Buenos días, hablo con Virginia Prieto?
- Si
- La estoy llamando para ver si está disponible mañana 12 y 30hs. para una entrevista en las oficinas de Metropolitano Palermo
- Por supuesto
- Le paso la dirección, calle H….número xx y pregunta por el Licenciado Pereyra.
- Allí estaré. Muchas gracias
Un minuto después y en un estado de euforia total llamé a mi amiga M quién vino a casa para asesorarme en el tema vestuario.
Apenas llegó me mostró dos cosas que según ella no podían faltar en alguien que quería conseguir un trabajo:
Un trajecito de marca y un par de zapatos con taco de 9 cms.
Horrorizada le dije:
- Apenas camino bien con zapatillas y me voy a poner ESO!!!
- Vos tranqui, con esto vas a quedar hecha una diosa y super estilizada.
No contenta con eso me enseñó a atarme todo el pelo en un rodete muy secretaria ejecutiva. Probamos atuendo y peinado la noche anterior y realmente tuve que darle la razón…era otra.
Al día siguiente partí muy feliz con 37 grados a la sombra enfundada en mi trajecito ( pollera, camisa y saco), con mi pelo rigurosamente estirado y atado en un sutil chignon y mi altísimo calzado. El colectivo me dejó a una cuadra y me abalancé con toda la rapidez que me permitían los tacos altos en la dirección que me habían dado. Apenas entré la recepcionista me miró y me dijo:
- La puedo ayudar…
- Tengo una entrevista con el Licenciado Pereyra a las 12 y 30. Mi nombre es Virginia Prieto
- Ahhh, no le avisaron?
- No, qué?
- El licenciado la espera en las oficinas de Constitución
- A qué hora?
- 12 y 30…
- Podrás llamarlo y explicarle que no fui avisada…
- Por supuesto
Salí rapidísimo pensando que colectivo me dejaba bien, dándome cuenta que tendría que invertir los 10 pesos que tenía en la cartera en un taxi para no romperme el cuello por no poder mantener el equilibrio encaramada en mis 9 cms de sobreestatura corriendo un colectivo.
Llegué a Constitución y encontrar el sector administrativo me llevó un buen rato ya que todo estaba en refacciones. En mi corrida, metí uno de los tacos en un agujero y lo quebré por la mitad. Sin desanimarme, me saqué los zapatos y avancé hasta las oficinas que estaban 100 metros más adelante.
Me anuncié ante una secretaria aburrida que no me prestó demasiada atención y se levantó para avisar de mi llegada al Licenciado Pereyra.
Mientras esperaba ví mi reflejo de cuerpo entero en el vidrio del cubículo de la recepcionista…
. Las medias rotas, una pierna particularmente llamativa con un redondel del tamaño de tres dedos
. Arrugada y transpirada
. Mi pelo saliéndose del rodete cayendo por sectores en rulos desprolijos
. Sin zapatos
En una palabra…impresentable
No sabía que hacer.
Cuando estaba a punto de irme con el rabo entre las piernas apareció la chica de la recepción quién me avisó que pasara rápido ya que el licenciado estaba de mal humor por la espera.
Entré, haciendo caso omiso de las miradas despectivas y las risitas malvadas de los empleados sentados en sus respectivos escritorios, hasta llegar a un sector cerrado con el nombre de mi entrevistador pintado en la puerta.
Le tendí la mano a modo de saludo y no contestó mi gesto. De muy mal modo y levantando la voz me dijo:
- Cuando a uno lo citan para una entrevista de trabajo llega a tiempo, no una hora después…
- No lo llamaron? Le explico, me habían citado en…
- No me interesa, me cortó, estoy harto de entrevistar a recomendados (ahí ví que tenía mi CV arriba de su escritorio con la sigla VIP en rojo en el margen derecho). Dígame, tiene hijos?
- Dos, contesté
- Para qué viene a buscar trabajo con hijos? Las mujeres tienen que quedarse en la casa para cuidarlos, así salen después si no…
- Necesito trabajar, fue mi respuesta al borde de las lágrimas
- Dígame que es ésto… empezó a mostrarme un montón de imágenes de computación, esas que mi hermano dijo que jamás me tomarían en la primera entrevista
- Power…?, arriesgué tímidamente
- No! Qué barbaridad!!! La verdad con esa facha…esos pelos… no sé que viene hacer acá…
Superada por la cantidad de eventos desafortunados de ese día, reaccioné mal y a los gritos, tirando la silla al piso sin importarme nada más :
- Pero que te pasa gil de cuarta, no te dás cuenta que si estoy acá aguantándote es porque necesito el laburo. Si tengo esta facha es porque me pasaron unas cuantas cosas antes de llegar y sí, mi estado es lamentable y mi pelo esta hecho mierda pero por lo menos yo tengo pelo cosa que vos carecés y no estoy dispuesta a seguir escuchando tu opinión sobre como criar hijos en una entrevista laboral…
- Pero…
- Sabés qué…andá a lustrarte la pelada piojo resucitado!!!
Y me fui dando un portazo.
Evidentemente toda la oficina me escuchó y en mi salida (triunfal?) no escuché risitas ni nada por el estilo, más bien creí notar algo parecido al respeto. Al llegar a la puerta me dí vuelta y haciendo una reverencia muy elaborada les dije a todos:
- Tengan ustedes muy buenos días
A lo lejos escuché un tímido aplauso.
Huí despavorida, sucia, transpirada, despeinada, con las medias rotas y descalza mirando para abajo para no pisar algo cortante hasta que llegué a la parada del 102 y me tomé el bondi para ir a casa.
A esa altura las miradas ajenas me resbalaban.
Cuando llegué a mi hogar tenía dos mensajes en mi viejo contestador:
1ro: Te llamamos de la cátedra L……. de la UBA para ver si podés tomar a partir de marzo horas de Sociedad y Estado y Sociología. Comunicate al 7…….
2do:Le habla el Licenciado Pereyra, quería pedirle disculpas y arreglar un día para otra entrevista. Comuníquese conmigo al 3…….
De alguna forma mi suerte había cambiado.
La preocupación más urgente era arreglar el taco del zapato prestado y parar el ataque de risa que me agarró.
Después…hacer un llamado.
Uno sólo y nada más.
Adivinan a quién llamé?
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domingo, 12 de julio de 2009
Entrevista laboral (rigurosamente cierto)
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