Confieso que la relación que tengo con mi pelo es un poco conflictiva ya que más allá de unos rulos endemoniados que vienen de fábrica tengo canas desde muy chica. Gracias a la actual tecnología y formol mediante mis maravillosos bucles hoy son mechas lacias que me permiten dominar mi leonina cabellera teñida con productos vegetales que por suerte no me dejan pelada.
Las canas me han dado bastante trabajo, primero las tapaba con colores exóticos (llegué a tener unos mechones verde loro), luego simples reflejitos disimuladores, después baños de henna poco prácticos, hasta llegar al infierno tan temido: la tintura total.
Durante años un solo peluquero se hizo cargo de mi cabeza mientras me abandonaba a la lectura de revistas insulsas y tomaba café gratis en el salón de belleza adecuado a mi personalidad, es decir, el más cercano, en la esquina de casa.
Pero…nada es para siempre.
Mi peluquero me abandonó, cerrando su local para retirarse a una vida de ocio junto con su pareja y cumplir su sueño, ser mantenido.
En la búsqueda de la verdad universal voy probando distintos lugares esperando encontrar alguien que entienda como quiero lucir.
En la última peluquería que visité los precios me parecieron lógicos y decidí entregarme a la suerte.
Después de preguntarme que me iba a hacer y yo aclarar exactamente lo que quería manos expertas comenzaron el proceso de teñirme. Diez minutos después tenía mi cabeza embadurnada con químicos y mis manos ocupadas en mandar mensajitos de texto. Me dediqué a esperar.
Media hora después pregunté ingenuamente:
- Disculpá, no estará la tintura?
- Nooo, falta, tiene que tomar un poquito más.
Diez minutos después volví a inquirir:
- No será mucho tiempo???
- Quedate tranquila que en 10 minutos pasamos a pileta…
A los 10 minutos me levanté de mi silla de pésimo humor y pedí hablar con el dueño y solicité pasar a pileta YA!
Muy solícitos al ver mi furia me llevaron al sector de lavado.
Confieso que los movimientos nerviosos y los cuchicheos de los que estaban detrás de mí deberían haberme alertado, así como las corridas de unos cuantos que trabajaban en el salón quienes parecían estar muy interesados en mi cabeza, que parecía gozar de un eterno lavado con infinidad de productos.
Envuelta en una toalla, pasé a sentarme frente al espejo y HORROR!!!!!!!!!!!!!!!!
Era la versión autóctona de la Barbie Malibú (con 10 kilos más)
Curiosamente, en vez de gritar empecé a llorar como una marrana y escuché frases tan idiotas como:
- Si no te queda tan mal…
- Es un cambio y los cambios son buenos…
- Es la moda que viene de Europa…
- Va con el verde de tus ojos…(ésta realmente me sacó)
En un ataque de furia, relegué mis lágrimas para cuando estuviera sola y les dije con un tono que no dejaba lugar a dudas:
- No me importa cómo pero lo ARREGLAN YA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Muchas manos temblorosas volvieron a meter mano en mi cabellera, que sufrió 3 tinturas en un día, ya que cuando intentaron oscurecer, el pelo tomó una tonalidad verdosa lo que llevó a seguir experimentando.
Cuando me iba se atrevieron a querer cobrarme, miré fijo a la cajera y le espeté:
- Vas a cobrar, pero no plata…
Y acá ando, con una mezcla imposible de tonos en el pelo, muy oronda, diciéndole a quién me pregunta con mirada incrédula:
- Qué te hiciste?
- Necesitaba un cambio, viste?
Aunque por dentro me quiero matar y barajo opciones como:
- Conseguir una peluca espectacular (existe Pozzi todavía?)
- Usar turbante (de paso gano unos mangos extra tirando el tarot en Plaza Francia)
- Raparme y volverme Hare Krishna (me encantan los aeropuertos)
Todavía no me decidí.
Mientras tanto, busco un Ken para hacer juego.
Interesados contactarse con rubiecitaoxigenada@mediagroncha.com
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viernes, 3 de julio de 2009
Platinada
Etiquetas:
Barbie Malibu,
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